¿Por qué tengo tantas discusiones familiares?
2022-11-17
¿Por qué tengo tantas discusiones familiares?
Cuando escuchamos la palabra Familia, normalmente nos viene a la cabeza un conjunto de personas cercanas que aprueban un conjunto de normas para hacer posible una buena convivencia.
El conflicto forma parte de esta convivencia y es una expresión muy habitual entre los miembros de las familias. De hecho, que no existan es algo prácticamente imposible, pues en el trato del día a día se expresan los aspectos más personales e íntimos de cada uno/a. Así, la buena gestión de estos problemas nos ayuda a desarrollar nuevas y mejores estrategias para relacionarnos.
Sin embargo, cuando estos conflictos no se resuelven de forma apropiada, se crea un gran malestar y sufrimiento en el grupo. No sólo de manera individual, sino también por el sufrimiento del resto de miembros de la familia, a los que quieren.
Son muchos los motivos que pueden desencadenar un conflicto: discrepancias en la pareja, celos entre hermanos, diferencias en la educación de los hijos, problemas laborales, etc.
No obstante, los conflictos más comunes que surgen de los problemas de convivencia y que justifican en gran medida una intervención y orientación profesional, están relacionados principalmente con 4 áreas:
- COMUNICACIÓN FAMILIAR
Uno de los conflictos más comunes es la comunicación, lo que suele traer como respuesta un deterioro en las relaciones. Este distanciamiento puede ser previo al conflicto o consecuencia del mismo.
Errores frecuentes en la comunicación familiar:
- Excesivas referencias al pasado o a un futuro hipotético
- Hablar en exceso o muy rápido, y llegar a interrumpir al otro en sus explicaciones
- Realizar afirmaciones radicales o extremas (evitar el “blanco o negro”)
- Generalizaciones, refiriendo a conductas que pasan de vez en cuando como si ocurrieran de forma constante (“Siempre estás pegando a tus hermanos”, “Nunca obedeces a la primera”)
- Explicar en exceso detalles irrelevantes
- Repetir en exceso información ya conocida por ambas partes
- Recriminar problemas sin ofrecer alternativas para cambiar
- No admitir ni reconocer afirmaciones de la otra parte, al menos de forma parcial
- Utilizar expresiones ofensivas (insultos, malos gestos)
- Abusar de los “deberías”; en vez de “qué te parece si…”, “quizá podrías”, “he decidido”
- No reconocer la responsabilidad que tiene cada uno en el problema
- PAPEL EMOCIONAL
Habitualmente nos enfadamos con mayor intensidad y frecuencia con las personas que más queremos y que más cerca tenemos. El enfado y el afecto están ligados, y a veces empatizar no es fácil. Sin embargo, las emociones son las que nos permiten ir más allá y comprender el enfado del otro/a.
Errores frecuentes relacionados con las emociones:
- Dificultad para expresar las emociones. Aunque todos/as expresamos de una forma u otra lo que sentimos, no siempre lo hacemos del modo adecuado. Muchas veces vamos sumando un conflicto tras otro, sin dejar saber a nuestra familia lo que nos está pasando. Pero cuando esto se da con frecuencia, no podemos guardarlo más y explotamos.
- Dificultad para entender y comprender las emociones del resto. A veces no sabemos interpretar lo que el otro (pareja, hijo/a, madre, padre, etc.) nos transmite. Ya sea con gestos, tono de voz o su actitud, esa incapacidad nos altera y puede generar conflictos en la relación.
- Estados emocionales alterados previos al conflicto. Muchas situaciones provocan previamente en uno mismo/a una alteración que predispone al conflicto. En estos casos la alternativa es la agresión o evitación. Por ejemplo, tareas de la casa, conflictos en el trabajo, rendimiento en los estudios, etc.
- Dificultad para controlar estados emocionales alterados. La “pérdida de control” ante los miedos, la rabia o el desánimo -entre otros-, hace que las personas estallen y se sientan mal por sus reacciones. Esto se suele dar con más frecuencia en adolescentes, y se debe a que no han aprendido a identificar y controlar las situaciones.

- FORMA DE EDUCACIÓN
Al hablar de formas de educar, hacemos referencia a los pensamientos o acciones que los padres y madres tienen hacia sus hijos/as.
- Estilo autoritario: utilizan altos niveles de exigencia en todos los aspectos. No se muestran receptivos a las necesidades de los hijos/as, y no cambian su estilo a pesar de la edad, el contexto, etc.
- Estilo sobreprotector: se muestran poco exigentes y evitan que sus hijos/as se enfrenten a dificultades.
- Estilo permisivo: consideran que sus hijos son buenos y hay que darles todo lo que piden, especialmente eso que ellos mismos no pudieron tener.
- Estilo democrático: las relaciones entre los miembros de la familia se basan en el respeto mutuo y la colaboración. Los padres y madres admiten sus equivocaciones, buscan y potencian la autonomía de sus hijos/as.
- AFRONTAMIENTO Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
Existen dos maneras inadecuadas de afrontamiento, que si se cronifican en el tiempo pueden crear grandes conflictos en el seno de la familia.
- Afrontamiento agresivo: normalmente se da entre padre/madre con los hijos/as, donde la negativa o no aceptación de normas trae respuestas de gritos, insultos o agresiones al entorno o las personas. También puede deberse al estilo autoritario que proponen los progenitores, que tratan de implantar sus normas desde la rigidez y el miedo.
- Afrontamiento pasivo/evasivo: es un patrón de respuesta que normalmente observamos ante conductas “dictatoriales” de los hijos/as; aunque también podemos verlo en las relaciones de pareja. No se afrontan los problemas abiertamente en la convivencia, y en ocasiones se trata de “imponer” con arrebatos de autoridad que se diluyen fácilmente. Por ejemplo, actitudes de pasotismo “paso”, “me da igual”, “haz lo que quieras”, etc.
Si los conflictos se vuelven agresivos, surgen repetidamente y son mantenidos en el tiempo sería recomendable una intervención con un/una profesional. El objetivo será que evalúe el caso, y confirme si es un problema aprendido y relacional o no. Del mismo modo, os facilitará herramientas y estrategias para hacer frente a esos conflictos.
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